Problemas de Relación con las Familias de origen

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“El casado, casa quiere”

Refran español

Cada miembro de la pareja proviene de una familia que vive de acuerdo a unas normas y expectativas, que pueden ser explicitas y habladas o que se dan por entendidas dentro de una familia (por ejemplo: “en nuestra familia comemos todos juntos los domingos”) en relación a cómo deben comportarse como hijos o hermanos dentro de la familia. Cuando estas expectativas de los padres o hermanos no se cumplen, como resultado de las decisiones que un individuo de esa familia toma al tener que decidir con su pareja como ellos desean relacionarse con sus familias, pueden ocasionarse relaciones conflictivas con las familias de origen. 

Es importante en estos casos hacer saber a las familias cuales son los criterios y las decisiones, en relación con las familias de origen, que han adoptado como pareja, de manera que los padres entiendan que es derecho de cada pareja determinar el modo, frecuencia y forma en que desea mantener relaciones con su familia una vez vive en una relación nueva de pareja. 


A menudo existen conflictos entre las lealtades que se tiene hacia los padres o la familia y la necesidad de establecer un espacio propio regido por el deseo de la propia pareja en la que ésta sea la que determine qué, cómo y cuándo se va a establecer el contacto con las familias de origen, y de qué manera pueden hacer compatible su espacio de pareja con el mantenimiento de una buena relación con ambas familias. Especialmente estas lealtades hacia los padres pueden generar más conflictos cuando estos enferman o se hacen más dependientes y necesitados del cuidado de sus hijos.

Problemas derivados de la relación con los hijos: nacimiento y adolescencia (momentos críticos)

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"Se necesita una tribu entera para educar a un niño"

Proverbio Africano

Con la aparición del primer hijo se rompe la situación de libre disponibilidad de tiempo para la pareja. La llegada de un bebé transforma de manera radical la vida de la pareja y le priva del espacio de intimidad, libre de interferencias, a la que estaba acostumbrada. Dependiendo de las personas, este proceso de adaptación, puede ser vivido como gratificante, en tanto que lo que se pierde de independencia en la vida de la pareja se siente compensado por la experiencia de paternidad/maternidad, o por el contrario, como un terremoto que desestructura la vida tal como se vivía en el estado previo al nacimiento de los hijos. 

Sin lugar a dudas, el primer nacimiento es uno de los cambios mas importantes que afectan a la vida de la pareja y requiere de un tiempo de adaptación y de asimilación de lo que la nueva situación supone en términos de:

-Pérdida de independencia (ya no se dispone libremente del tiempo de ocio y la vida social se ve mucho mas limitada con la presencia del bebe y el desgaste físico y emocional que conlleva),

-Cambio del foco de la relación de pareja a la atención del bebé que acapara la mayor parte de las energías y del tiempo de la madre, especialmente en las primeros meses de vida.

No debemos infravalorar el efecto que esta situación puede tener sobre los miembros de una pareja puesto que la situación del nacimiento de un bebé a menudo no se corresponde con la situación imaginada, y con frecuencia idealizada, que la pareja se había hecho con anterioridad al nacimiento del bebé.

En este sentido es habitual experimentar las dificultades en el estreno de la condición de padres y madres. Cada bebe hace nacer a un padre y a una madre y ese nacimiento no está exento de dificultades y del necesario aprendizaje de la nueva condición.

En el caso de las nuevas madres es frecuente que emerjan dificultades en forma de:

- inseguridades y temores acerca del cuidado del bebe y de su bienestar o de 

- culpa y preocupación cuando el cuidado del bebé se experimenta como un exigencia tan grande que queda excluido el placer y se vive desde el cansancio o la hartura. 

En el caso de los hombres, en muchas ocasiones, el ser relegados de ser centro de atención de su pareja, a un segundo plano, ante la necesidad imperiosa de atender las necesidades del bebe, les genera una situación de malestar que no saben muy bien como encajar y manifestar. Por una parte su parte mas adulta y racional entiende que el bebe requiere las atenciones y cuidados de la madre ( impone los horarios de mamar y de contacto), pero en su experiencia emocional la pérdida de la disponibilidad de su pareja le puede hacer sentirse excluido y vivir la nueva condición de madre de su pareja como una pérdida para él. Puede entonces surgir la queja explícita o callada de que ya no tiene tiempo para él o que desde que ha nacido el bebé parece que él ya no le importa. Si no se siente cómodo en esta situación y no es capaz de compartir con su pareja estos sentimientos, por vergüenza o por que no es consciente de cuanto le afecta esta situación, es probable que busque refugio en alguna actividad, en el trabajo o en la búsqueda de sus amigos sintiendo que el hogar ya no es el lugar mas cómodo en el que estar.

El nacimiento de nuevos hijos irá requiriendo nuevos ajustes, si bien la experiencia previa del primer hijo servirá de enseñanza y permitirá la crianza de los siguientes desde una posición de mayor tranquilidad y confianza. La llegada de nuevos hijos hará patentes las luchas y los celos y envidias tan característicos de los niños… y de los mayores.

Mas adelante serán los problemas acerca de: 

-los criterios de autoridad y de establecimiento de límites los que pueden llevar a fuertes desencuentros en la pareja entre los que uno puede considerar permisivo y otro muy autoritario. 

-los criterios acerca de las obligaciones y responsabilidades frente a las irresponsabilidades (colegio, tareas de casa)

-los criterios acerca del ocio del niño: lúdico, deportivo, hacer algo de provecho

Con la llegada de la Adolescencia se abre una nueva etapa de dificultades para la pareja en la que se ponen en cuestionamiento: 

-los criterios de autoridad y de establecimiento de límites que pueden llevar a fuertes desencuentros en la pareja entre lo que uno puede considerar permisivo y otro muy autoritario. Los problemas de autoridad y límites se harán progresivamente más complejos y según se hayan negociado en etapas anteriores será más fácil o difícil alcanzar acuerdos. De la capacidad de los padres de ser firmes y claros compartiendo los mismos criterios dependerá en gran medida la aceptación de estos por los adolescentes. Si los padres no comparten decisiones, esos desacuerdos minarán la autoridad de ambos, y alimentarán los conflictos en ausencia de un criterio claro. Es vital para la vida familiar un establecimiento claro de los padres en relación con:

- las responsabilidades frente a las irresponsabilidades (colegio, tareas de casa)

- el ocio de los niños: lúdico, deportivo, "hacer algo de provecho"...


La emergencia de la autoafirmación del adolescente con sus cambios de humor y sus manifestaciones emocionales mas directas y confrontativas supondrán nuevos retos a los padres donde se hará preciso una afirmación de la autoridad basada en el diálogo. Un dialogo en el que los padres han de mostrar con argumentos claros y con firmeza en su modo de actuar, cuáles son las normas de convivencia y cuáles las consecuencias de sus actos.

La emergencia de la sexualidad adulta también puede ser motivo de preocupación para la pareja y puede movilizar experiencias emocionales muy fuertes vinculadas a la vivencia de la propia sexualidad de los padres


 

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